Y todo empieza. Y nada termina. 

Y empezar no es comenzar. Siempre estuvo. 

Y empezar no es comenzar. Siempre estuvo, y ahora se manifiesta.

Transcurren los haceres como si fueran propios –de propiedad-. 

Transcurren los proyectos... como si fueran logros.

Transcurren las tenencias, como si fueran… obligadas, ¡necesarias!

Transcurren las ganancias... como el logro de lo personal. El ego se acrecienta y se aplaude. Y a nadie tiene en cuenta.

Y si el ser se acomoda en sus tendencias, en sus tendencias de asegurarse, apropiarse, garantizarse... si en ello basa su presencia, en permanente alerta y alarma ha de estar. Porque ese proceso no es... no es ciclo vital, es distorsión de recursos, perturbación de referencias. Y, en consecuencia, habrá de estar en alarma para cuidar sus logros, sus pertenencias, sus sapiencias, no vaya a ser que alguien las desee y se las quite, o las secuestre. 

Así no hay descanso ni sosiego. Hay permanente preocupación. Hay miradas de recelo. Hay acechos. 

Y la piel de cordero se reproduce para cubrir a los lobos. Aparecen las justificaciones, los silencios, los ocultamientos y las verdades a medias. 

Sí. Todo esto es... –casi todo- conocido. Y podría ser una redundancia el recordarlo, el actualizarlo. Pero es que todo esto progresa, se expande, se incrementa. 

Y el vivir de acuerdo a los dictámenes de la Providencia se hace cada vez más difícil. 

Las tendencias rodean, impiden, critican...; asedian a lo virtuoso. Lo tachan de inútil, pobre, antiguo... 

Además de insultos de “ocurrencias”. 

No está avalado por la ciencia, el orar. 

No tiene base científica, lo Providencial. 

La vida es una cuadricula, ¡y ya! 

Cualquier planteamiento sin cuadrado y esquinas es inapropiado, inadecuado para el tiempo actual. 

Y, además, la expansión de la alarma en busca de seguridad se extiende y contagia. 

Y hace que el creyente dude. 

Y hace que la fe se discuta. E incluso, “disputas de fe”. 

Y se llega a arrogancias de preguntar: “¿Dónde estaba el Misterio Creador, cuando los dramas...?”. Como cuando 800.000 en Ruanda, de Hutus y Tutsis, morían a machetazos. “¿Dónde estaba?”.

Y nos preguntamos también: “¿Dónde estaban los que pudieron impedir, ¡radicalmente!, esa masacre de la que se cumplen 30 años?”. Por ejemplo.

¡Claro! Es África. Es…. ¡bah!

¿Dónde estaba? Ahí. Ahí estaba. Para mostrar la ignominia de la que es capaz el ser, cuando se ofusca en sus radicalismos, en sus absolutismos, en sus nacionalismos. Cuando se ensimisma en poseedor de la verdad y ¡la vida! Sí. Ahí estaba. 

Nuestra génesis misteriosa y nuestra providencia permanente parecen no escatimar recursos evidentes

Decía Lao Tsé: “El Cielo trata a los hombres como a perros de paja”. No quería, con ello, despreciar nuestra permanencia, pero sí evidenciar nuestras conductas de desgracia.

Y si somos capaces de ver más allá del momento, más allá del drama... y del terror y del horror, veremos que poco a poco se fue fraguando, se fue gestando, promoviendo y desarrollando. 

Y entonces veremos cómo había oportunidades de virtud, había momentos de claridad, había opciones de cambiar. Pero –¡pero!- se mostraron más evidentes las potencias de aniquilar, como respuesta y como remedio... para aquilatar, para armonizar, para equilibrar. 

Y así se fueron desarrollando racismos: “¡Acabemos con los microbios!”. “¡Terminemos con los abrojos!”. “Que no entorpezcan la mirada, los árboles”. “Que no nos agobien las aguas”. “¡Hay que abolir la oscuridad! Pongamos más luz”. “Adueñémonos de los ritmos naturales, los ritmos antiguos, ¡indeseables! Aspiremos al futuro con los logros de nuestros ahíncos personales”.

Y en ese sentido marcha la especie: limpiándose de parásitos, sin reconocer que está parasitada. 

Aislándose en sus recursos, sin darse cuenta de que, los que tiene como propios, son de todos. 

Y es así que si en presente, ¡en activo!, nos ejercitamos ante la situación hacia donde nos quieren llevar, y sabemos adaptarnos y acoplarnos en las tendencias, con la clara idea del aliento espiritual, sin vergüenza, sin minusvalía, con la gallardía que da el saberse habitante de la infinitud...

Aceptamos como válidos los razonamientos, bajo criterios y referencias llamadas “verdades” que, como se ve en el transcurso, muchas resultan ser equivocadas, falsas. 

Igual pasa con las lógicas y las costumbres. 

Todo es renovable, revisable, replanteable. Y es así como evitamos que los dogmas se establezcan, que las rigideces se impongan y que, en consecuencia, la fuerza, el poder y la ganancia no sean los motores de nuestra presencia. 

Y simultáneamente –sí- sentimos esa... ¿sensación?, ¿emoción?, ¿afecto?, ¿atracción? No es como un número que se suma a otro y da... No es una ecuación. No es una causa y efecto. Es algo más complejo, in... in… 

Sí. No nos podemos quedar con el “in” como algo interno, pero sí es algo que no dominamos. Que pareciera que fueran sensaciones de otra dimensión. 

Tratamos de entender por qué nos atrae esto o aquello, por qué nos gusta más este alimento o el otro, y entramos en la laguna de la ignorancia.

Los sentidos nos dan información del entorno; mas, al constituirse en sentires, nos dan información providencial, la cual debemos procesar, porque ella está entremezclada entre las informaciones interesadas

De ahí que muchos sentires sean falsos, equivocados, inadecuados.

Sí. El afán protagonista, el afán personalista, ayudado por el entorno, va creando sensaciones que no son providenciales, que no son emanaciones de lo Invisible, sino que son arquitecturas... ¡aparentes! 

Sí. El ser, en su racionalismo costumbrista, absolutista y racista, ha ido creando criterios de belleza, de armonía, de… “verdades” –en definitiva-, y ha gestado afectos, atracciones, ¡quereres!, posesiones… que pueden parecer o tintinear como “amores”, pero que luego, cuando transcurren, se disuelven pronto en la disputa, en la incongruencia, en... 

En definitiva, en la competencia por el mando y el poder. No eran amores. No eran instancias providenciales. 

Eran manipulaciones de los quereres y sentires; o, mejor dicho: de los quereres que se hicieron pasar por sentires, para dominar y controlar. 

De nuevo la imagen de sentirse “Creador”, “Dios”…

Sí. Sí. También es época de senti-mientos, de sentires misteriosos... y de sentires falsos. Falsos, de mentira, que son arrogancias de logros, que son petulancias de dominios. 

Y he aquí que, entonces, el ser se encuentra entre el radicalismo absolutista de una vida cuadrada, que gesta ilusiones, fantasías y querencias... que tratan de suplir a la Providencia, que tratan de crear... y hacernos creyentes de lo que realmente no es Creación, sino que es una burda imitación aparente.

Como si fuera una fractura, el ser se encuentra realmente inmovilizado por dos tablones: lo racional, lógico y entendible, y lo emocional, manipulable y controlable. 

Y el aquietamiento; el aquietamiento de su fractura, dependiendo del Misterio. Porque ninguna de las dos potencias consigue resolver. Aquieta. Nos lleva al aquietamiento. Y desde él, a una serena indiferencia que nos permita percibir el sentir transcendente: ese amar indisoluble; sin pertenencias.

No preciso tener ni poseer. Mi ser y estar se autoproclaman en la referencia de una Creación permanente, insondable, pero evidente.

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